Opinión
Exhumación de cuerpos de víctimas del franquismo.

Se abren las fosas y resucitan los demonios

Nos encontramos en un período de segunda transición, donde deberíamos avanzar superando todo aquello que se hizo mal, reconociendo los hechos y tratando de enmendar los errores

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Dom, 16 Jul 2017

Todos hemos conocido la ardua batalla que ha tenido que dar Ascensión Mendieta para conseguir que los restos de su padre, Timoteo, fueran exhumados de una fosa común del Cementerio de Guadalajara.

Gracias a una jueza argentina, esta mujer ha podido, por fin, dar una digna sepultura a Timoteo, que fue asesinado hace 78 años. La razón: sus ideas y compromiso político. Lo mismo que sucedió a 114.226 personas que no estaban en el campo de batalla, sino haciendo sus vidas con la "normalidad" que permitía la España fratricida que se impuso desde 1936.

Como se señala aquí, los desaparecidos de la dictadura franquista tienen que esperar la ayuda de un sindicato noruego de electricistas, o de un grupo de forenses llegados de cualquier parte del mundo, o como decía más arriba, de la intervención de la justicia argentina. Porque aquí, parece que nadie quiere "meterle mano" al asunto. Ni un euro por parte de las instituciones públicas para encontrar a nuestros muertos, para identificarles y para darles una sepultura que en su día no tuvieron. Y Rajoy se jacta de ello. Y la hermana de Miguel Angel Blanco dice que no le gusta que se compare a las víctimas del franquismo con las del terrorismo. Ver para creer. ¿Qué diferencia hay entre lo que le sucedió al concejal popular hace ahora veinte años y lo que le sucedió a cientos de miles de personas asesinadas hace ochenta? Ninguna, se lo digo yo. Ninguna diferencia, puesto que fueron asesinados por sus ideas de libertad, democracia y justicia. Eso si, parece que desde el gobierno nos quieren hacer tragar con que la imagen que ha de representar a todos debe ser una, la de Miguel Angel Blanco: para ello crean fundaciones (que según se ha informado estos días han estado también inmersas en ciertas actividades que podrían ser delictivas, dentro de las tramas de corrupción); visibilizando a través de cargos institucionales como el escaño de Maria del Mar Blanco, diputada nacional por el Partido Popular.

Dígame usted si le parece equitativo, equilibrado el trato que se está dando a las víctimas del franquismo. Familiares que deben pagar de su bolsillo, o con la ayuda que les prestan distintos colectivos (sobre todo internacionales) para encontrar a sus familiares, identificarlos y darles un entierro en las mínimas condiciones de dignidad y humanidad. Porque todos los gastos del proceso corren por cuenta de los "interesados". (Y digo yo que los "interesados" deberíamos ser todos, debería ser un país que ha de limpiar sus heridas antes de que cicatricen en falso e infectadas).

Nadie desde las instituciones ha ayudado a Ascensión Mendieta. Ni siquiera teniendo un gobierno regional socialista. Esta mujer ha tenido que gastar sus ahorros para poder darnos una lección a todos. Y por si esto fuera poco, después de conseguir encontrar a su padre, identificarlo, y darle ahora un entierro digno, el Ayuntamiento de Guadalajara le pide que pague  2.057 euros en concepto de tasa. A pesar de que en el pasado mes de diciembre se aprobase una moción que, precisamente, tenía como finalidad la eliminación de dicha tasa.

Pero la barbaridad no termina ahí: Timoteo Mendieta estaba en una fosa común junto a otros 49 asesinados. Lógicamente, ahora, los familiares van a poder identificarlos y proceder a su correcta sepultura. Pues bien: el Ayuntamiento pide por escrito que esos restos vuelvan a depositarse en la misma fosa común en la que estaban.

Y yo me pregunto: ¿qué tipo de personas nos gobiernan? ¿de qué materia están hechos quienes no tienen el más mínimo sentido de la humanidad, del respeto ni de la sensibilidad? ¿Tenemos que seguir aguantando 80 años después este maltrato, esta falta de principios?

Nos encontramos en un período de segunda transición, donde deberíamos avanzar superando todo aquello que se hizo mal, reconociendo los hechos y tratando de enmendar los errores en la medida de lo posible.  Pero desgraciadamente se hace todo lo contrario: se legisla con saña, se opera con absoluto desprecio y se abusa, de manera continua, ahondando en el dolor más profundo.

Asco, rabia, indignación. Eso me produce todo lo que estoy leyendo estos días después de haberme sentido en cierto modo aliviada y reconfortada porque Ascensión y muchas otras personas, podrían por fin, saber dónde estaban sus familiares y conocer un poco más en qué circunstancias habían sido asesinados.

Ahora parece que resucitan de nuevo aquellos demonios: y entre todos debemos enterrarlos para siempre. 

 

Beatriz Talegón es miembro de Somos Izquierda